viernes, 4 de junio de 2010

De una comida... ecléctica.

Hoy en la tarde, después de pasar toda la mañana corriendo de un extremo a otro del Centro Médico, decidí, junto con mi padre, buscar algún lugar para comer. Cuál sería nuestra sorpresa al descubrir un... ¿local?, justo en el lugar en donde dejé el auto, con un letrero que decía: "caldo de camarón, camarones, filetitos...", etc., y se nos antojó tanto que decidimos quedarnos. Y ahí comenzó nuestra aventura...

Al dar un paso dentro de, lo que es el garaje de una antigua casa, lo primero a llamar la atención es la sensación al pisar, como si entrara a un establo. Así es, todo el piso está cubierto de aserrín y "se ve lindo" pienso, "aunque eso es más común en los lugares del norte, en donde venden cortes y esas cosas". Sin embargo, dejo de lado ese pensamiento y observo las mesas, las únicas dos mesas, "está bien, se ve...mmm...agradable: algunos lirios en floreros de cristal, algunos bancos de madera y sobre la mesa una ¿carta? (un pedazo de papel en copia) en la que se repite el menú: "caldo de camarón, coctail de camarón, sopecitos, chalupas", sin ningún precio ni bebidas, nada.

Unos minutos después se acerca un joven, un tanto nervioso y nos pregunta qué vamos a querer, decidimos probar con los camarones, "un caldo y un coctail". Se va el mesero y momentos después aparece lo que yo creí que era una alucinación: una mujer de aproximadamente 55 años, con unos pantalones pescadores de mezclilla, chaleco negro, zapatos rojos con punta de arlequín y decoraciones en lentejuela, el cabello de colores y despeinado. Perece que padece cierto tipo de artritis, por las formaciones redondas en los dedos y los brazos. Además, tiene una mirada penetrante, ojos azules y dirigiéndose precisamente hacia nosotros. En ese momento no sé qué hacer, es imposible evitar verla y supongo que debe sentirse incómoda o ¿molesta? No lo sé, no sé cómo interpretar esa mirada. Otra gran sorpresa fue oirla dar órdenes a nuestro mesero, "ah ya... ella es la dueña!"

Un rato después regresa el mesero con lo que pedimos y después se va hacia la calle. Yo, por más que trato de posponerlo, creo que necesito pasar al tocador... "nooo" pienso. Bueno, le pregunto a la mujer en cuestión y ella le habla a un niño y le dice que me lleve al baño, "¿que me lleve? ¿estará lejos?". El niño sale de una puerta y me llama, la puerta da hacia el interior de una casa, al fondo veo una sala vieja, un comedor, todo de madera apolillada. En la pared un cuadro extraño, un retrato al óleo de un hombre joven que aparece casi de perfil. A la izquierda unas escaleras que suben como caracol... Tardo mucho observando así que paso rápidamente al tocador y regreso.

Al volver a la mesa está mi padre solo, me dice que además pidió unos tacos de bistec. Aparece una niña de unos trece años y al fondo del garaje, (que olvidé decir que está dividido por una gran lona azul que nos impide ver la otra parte). Se oye un grito de furia, de la mujer del principio y la niña se mete atrás de la lona. Mi padre y yo nos vemos sin saber qué decir y nos limitamos a terminar pronto de comer.

Al parecer está muy molesta por "algo" con "alguien.

Regresa a donde están las mesas y entra una persona q pregunta el precio del caldo: "mm...no sé, será... $35... ó $25? supongo!". La persona se va y minutos después se oyen otros gritos, esta vez es una discusión acerca de los precios. Después silencio...

Mi padre y yo decidimos que ya era suficiente de aquella extraña situación y decidimos pedir la cuenta... pero a quién? Esperamos y aparece de nuevo el mesero, quien por supuesto duda mucho al momento de hacer la suma de lo que debemos. Finalmente le pagamos, nos pide disculpas y dice: “perdón, pero cuando está alcoholizada la señora, así se pone” y vuelve a irse pues no tiene cambio.

Mi padre se va al coche, pasan cerca de diez minutos y reaparece la niña… me da un cambio equivocado “me faltan diez pesos”, pensé. Sin embargo, dije: ya que se quede así…

Al salir volteo hacia la izquierda del patio, hay una imagen de la virgen de Guadalupe en un marco de madera finamente tallado. Lo más curioso es que a su lado hay un letrero que dice: “rastas” y otro: “se lee la mano, tarot, cartas, café y runas”.

No sé ustedes qué opinan, yo terminé desesperada y hasta un poco asustada. No sé por qué, pero de pronto me sentí como dentro de una novela de Carlos Fuentes...

Es increíble todo lo que uno puede encontrar si tan sólo voltea hacia adentro… de un garaje y de una mirada.

Annie Mad

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