jueves, 6 de mayo de 2010

De las fotos sin cámara

"He estado tomando fotos toda mi vida, aún antes de tener una cámara...".

Esta frase es de una de mis películas favoritas, en ésta, la actriz explica cómo al enfocar una imagen se encuentra en medio de una historia ajena, pero en la cual se va involucrando. Es sorprendente cómo esas palabras vuelven a mi cabeza con frecuencia cuando doy un paso fuera de mi casa. Basta con detenerse y observar, más allá de la apariencia de las cosas, encontrar detalles y escuchar todo aquello que no se dice, para comprender un momento específico. Incluso debo confesar que en ocasiones, me descubro haciendo hipótesis del pasado o del futuro de la escena que tengo enfrente.

Hace unos días me ví obligada, mientras hacía una larga fila, a ser testigo de una discusión de "pareja" en la que en realidad poco quedaba a la suposición. Él le reclamaba a ella por seguir "metiéndose en su vida" le decía que ya todo había terminado y que dejara en paz a su esposa; también le comentó que no quería saber nada de ella ni de su hija, y que ella era la responsable porque había decidido tener al bebé, cuando él no estaba de acuerdo. Ésta podría parecer una historia muy común en nuestra sociedad, pero haberlo vivido tan cerca fue verdaderamente impactante.
Quizá no fue el suceso como tal lo que me impresionó, sino las palabras ofensivas y la forma despectiva en que alguien se dirigía hacia la persona con la que, asumo, en algún momento entabló una relación.
Y como siempre, después me quedé reflexionando sobre el tema. Esta vez no me interesa hacer una observación psicoanalítica acerca de los factores que llevaron a esta mujer a involucrarse en esta relación y a permitir tanto abuso; o de los elementos que generaron en él esa personalidad narcisista y sádica. Mi intención es pensar como miembro de un grupo social, de un grupo de personas que sienten y viven en un mismo lugar.
Independientemente de los factores subjetivos o inconscientes, llama la atención la frecuencia con la que se sabe de dichos casos o algunos similares en el país. En mi experiencia industrial-clínica podría afirmar que dos terceras partes de toda la gente que evalué comparten una historia en común, de abuso, de violencia y en muchos casos de familias desintegradas.

Es curioso y hasta paradójico pensar que un país que se jacta de su calidez, unión y apego, sea también sede de miles y miles de grupos en los que reina la violencia y en donde, lo que menos hay es un trato cálido y humano.

Se me ocurren varias hipótesis para explicarlo; pienso que un factor muy importante es la situación económica, que definitivamente genera demasiado estrés y mal humor en cualquiera que vive, al menos en esta ciudad. Quizá también tenga que ver con el pasado cultural, la historia de un pueblo sometido y obligado a seguir ciertas costumbres ajenas, que puede haber marcado de resentimiento a esta sociedad, aunque no compartamos como tal esas experiencias, al menos existe la idea de que aquellos que habitaban estas tierras así lo vivieron.

Pueden ser muchas las causas, pero finalmente aquí estamos. La pregunta es: ¿qué haremos al respecto?

¿Qué opinan?